Para diversificar los bienes suelen elegirse distintos países. Un punteo para evitar pérdidas y maximizar las regulaciones extranjeras.

En una realidad claramente globalizada, la planificación fiscal transfronteriza se convirtió en una herramienta clave tanto para individuos de alto patrimonio como para empresas multinacionales.
Las oportunidades de realizar negocios en múltiples jurisdicciones abre un camino de posibilidades para optimizar las cargas fiscales, pero también surgen riesgos significativos si no se gestiona de manera adecuada.
Por ello, es importante conocer sobre las regulaciones internacionales, los cambios en la normativa fiscal local y la presión para transparentar las operaciones internacionales.
Cómo funciona la planificación fiscal transfronteriza
Actualmente, diversas entidades mundiales pusieron en marcha distintas regulaciones con las que se busca combatir la evasión fiscal y asegurar que las empresas y particulares paguen impuestos donde generan valor.
Las diferencias en las tasas impositivas, los acuerdos de doble imposición y las zonas francas ofrecen ventajas potenciales, pero también pueden atraer investigaciones de las autoridades fiscales en búsqueda de abusos. La presión para cumplir con estándares internacionales y locales hace que el diseño de una estrategia fiscal transfronteriza sea un ejercicio de equilibrio entre la optimización y la conformidad.
Uno de los principales riesgos al utilizarla es la doble imposición. Pese a que los tratados internacionales están diseñados para evitar esto, en ocasiones los acuerdos bilaterales no son claros, lo que supone un riesgo.

Lo cierto es que se tiene que tener una gran precaución, ya que las sanciones por incumplimiento de las normativas fiscales internacionales son fuertes y van desde multas de alto valor hasta la posibilidad de daños en la reputación personal o empresarial.
Con instancias como el intercambio automático de información financiera, las autoridades fiscales tienen acceso sin precedentes a datos sobre cuentas y activos en el extranjero, lo que reduce las oportunidades de ocultar ingresos, y cualquier intento para evitar cumplir con la regulación.
Pero como existen los riesgos al cometer un error con sus respectivas consecuencias, también hay oportunidades en la planificación fiscal transfronteriza, ya que se puede reducir la carga fiscal y mejorar la eficiencia financiera.
Otra de las funciones que ofrece esta herramienta es la relacionada con el uso de entidades jurídicas en países que ofrecen ventajas fiscales, que son legítimas. Los fideicomisos, fundaciones o empresas en territorios con diversas regulaciones pueden ofrecer beneficios en términos de protección de activos y eficiencia fiscal, siempre que se utilicen dentro del marco de la legalidad. Por ello, se debe tener en cuenta que la planificación fiscal transfronteriza no solo se utiliza para ahorrar impuestos, sino que es una herramienta para gestionar riesgos y “aprovechar” las oportunidades de manera estratégica y ética. En un entorno fiscal global cada vez más exigente, la clave del éxito consiste en un equilibrio entre la optimización fiscal y el cumplimiento normativo.